Después de almuerzo salí a caminar y aproveché de comprarme un helado en el almacén que durante años me los ha vendido.Me senté tranquilamente en la cuneta a disfrutarlo hasta que me distrae la vibración del celular, era un mensaje de Facebook de Eduardo, un compañero de colegio del mismo nivel que para mí la única visibilidad que tenía es que era hijo de una cantante ochentera, años en que cualquiera era famoso en este país gracias a Sábados Gigantes. Le respondo el saludo correcta pero fríamente para poner un límite en la conversación.
Me dice, qué haces para no envejecer, soy libre, quizás sea eso, le dije.
- Siempre has sido muy linda.
- Bueno, eso es otra cosa (haciéndome la ídem)
- Podríamos salir, ¿te tinca?
Quería contestarle rápido que no pero tenía todos los dedos pegoteados con el helado, hasta que consigo escribir;
- En una de esas.
- Y si en una de esas es hoy
- Muy pronto, tal vez la próxima semana.
- Ok, coordinemos
Pasaron dos minutos y mis dos peces se enfrentaron y uno le dice al otro, acabas de decir que eres libre y te estás perdiendo la oportunidad de pasar un buen rato hoy.
Me conecté nuevamente y le escribí;
- Sabes qué, te acepto la invitación.
- Opera Catedral a las 18 horas.
- No, a las 20.
- 19:00-
- A las 19:30 estaré ahí
- Nos vemos.
- Pero igual te quiero decir que no entiendo mucho esto.
- No hay nada que entender
- Llego a la oficina y sigo con mi trabajo pero a paso más acelerado para alcanzar a arreglarme y llegar a la hora a la cita, un leve entusiasmo se estaba asomando. En una nueva notificación me dice que un amigo se le había colgado y si era posible ir con una amiga, y la verdad es que fue un alivio así no tenía que enfrentarme sola con él.
- Asi es que partimos con la Alita, una chiquilla algo vulnerable que está en constante búsqueda del amor, creo que por eso la convencí tan rápido.
- Llegamos y me costo encontrarlo porque prácticamente no me acordaba de él, así es que lo llamo mientras me paseaba entre medio de las mesas y veo un celular que en su pantalla decía “Salinero llamando”, ahí me di cuenta que era él con su amigo, nos saludamos, nos presentamos y para romper el hielo digo.
- - Alita, él es Eduardo, lo conozco hace casi 40 años pero jamás había hablado con él.
- Risas de todos.
- Ellos llevaban un buen rato ahí y con varios vodkas en el hígado pero sobre todo en la cabeza. 20 minutos de conversaciones inconexas, lateras y jugosas fueron suficientes para sentirme agotada y ahogada, entonces disimuladamente le mando un WhatsApp a la Alita diciéndole “vámonos ahora”, “si, por favor” me contesta.
- Acto seguido guardó mi teléfono mis cigarros, sacó la billetera y les digo, voy a pagar lo que tomamos porqué nos vamos. Sus caras de espanto y sus ruegos para que no nos fuéramos no me doblego para partir huyendo.
- Ya en la calle con mi amiga comentamos que había sido muy desagradable la cita y aproveché de pedirles disculpas por el mal rato y nos fuimos a otro lugar a terminar de conversar.
- Mi WhatsApp no paraba de sonar, era él pidiéndome explicaciones. Le dije, la verdad no estaba cómoda, fue desagradable y ya no estoy para estar con hueones curaos dando jugo, fue mi resumen.
- A la mañana siguiente y muy temprano siguió con el tema porque no había entendido nada, un poco más descompuesta de compostura le dije, eres un tardado inconexo e incoherente. Perdona estaba curado, no soy tan inconexo, me dijo.
- - Mira, independiente de todo, fue una sorpresa verte porque la verdad es que estás muy guapo, en realidad bien rico.
- -Tú también.
- -Así es que si lo que pretendías ayer era un polvo, yo feliz!!
- - Qué??????
- - Eso, qué no entendiste?
- - O sea que quieres tirar conmigo?
- - Si, claro. Tú no?
- - Bueno, si.
- - Ya pues, estamos de acuerdo como adultos que somos.
- - Entonces te pasó a buscar a tu casa o al trabajo y vamos a comer algo y vemos que hacemos.
- - Estás loco?
- - Por qué?
- - Porque no me interesa hablar contigo, así es que a las 20 horas en el motel que elijas.

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