La maldita canción de primavera que la mujer casada escucha fingiendo vigilias de afanes, surciendo culpas,
amasando pasiones, tejiendo de largo y sin forma su vida, con la de los otros que no la ven...
Nunca más me dio la oportunidad de escucharlo, de verlo, de reírme con sus chistes tontos. Y qué decir de tocarlo, de sentirlo, de vivirlo....
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