No era justo, no era bueno, pero era la única salida, ya que caminaba por una casa que aunque fuese de ella ya no le pertenecía ni habitaba.
Todo estaba cambiado, los relojes al revés, las puertas ya no abrían por fuera, las paredes escuchaban otras voces, no la suya.
Mientras no estaba la allanaron con cariños y cuidados malos entendidos, haciendo creer que su ausencia era fría y conveniente, y se dió cuenta que la amenaza volvía después de una docena de años cuando decidió irse con lo puesto, la diferencia era que llevaba a su luz consigo, esta vez se fue en oscuridad.
Qué loca entrega lo suyo....decían
Desalmada madre...decían
Y ella se hacía la dura con la más grande de su amargura.
Nadie la iba a entender ni perdonar, sin embargo callaba sus razones que la despojarían de lapidarias condenas.

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